El oficio detrás de cada
edición irrepetible
Detrás de cada edición de Dobel 50 hay una búsqueda que recorre el mundo. Barricas excepcionales de segundo uso, que maduraron grandes vinos y destilados en su primera vida, se eligen para dar a cada año un carácter único. La esfera que corona la botella oxigena lentamente el tequila al invertirla, para que sus aromas se expresen en cada gota. Es la misma botella que vio nacer al primer cristalino del mundo: hoy, símbolo de innovación y estatus.
La evolución de un legado, año por año
Cada año, los creadores de Dobel exploran nuevas barricas y nuevos territorios para el añejamiento. El resultado es una línea de ediciones donde ningún año se parece al anterior, y cada uno define un carácter que no volverá a repetirse.
Dobel 50 Extra Añejo Edición 1971 guarda la sorpresa más inesperada de la serie: su reposo final ocurre en barricas de Shoshu, un destilado de cereal de origen japonés. Sobre esta base nace un perfil lujoso, dulce y suave al paladar con notas de cereal tostado, frutos secos, miel, vainilla, fruta madura, chocolate y caramelo. Untuoso, de final muy largo y de elegancia poco común.
Para Dobel 50 Extra Añejo Edición 1970, la búsqueda de barricas excepcionales llega hasta Italia. A las de roble francés se suma el Amarone, célebre vino tinto italiano con denominación de origen DOCG, que aporta un carácter robusto y armonioso: frutos secos, especias dulces, durazno, chabacano, plátano acaramelado y canela. Sedoso, con un final muy amable, agradable y permanente.
El carácter de Dobel 50 Extra Añejo Edición 1969 se inclina hacia lo dulce y aterciopelado. Una combinación de roble americano y francés antecede a un reposo final en barricas de vino Sauternes, de donde surge una expresión bien estructurada con notas frutales de durazno, manzana roja madura, ciruelas pasas, plátano acaramelado, miel, mantequilla y roble.
El capítulo más temprano de la colección lleva el sello de 1968. Tras reposar en barricas nuevas de roble americano, su ensamble se termina en barricas usadas de Armagnac, que le imprimen un perfil complejo, elegante y verdaderamente excepcional: madera tostada, especias dulces, caramelo quemado, nuez y tabaco, ciruela pasa y chocolate, con recuerdos de miel, frutos deshidratados, higos y dátiles. Suave, muy elegante y complejo.
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